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Pedro “Aianai” Espinosa. El Poeta del dub vitoriano.

Posted on 2 enero, 2012 in Entrevistas by ACR Crew

Una vez respondida la entrevista, me pregunta Pedro si ha satisfecho las expectativas depositadas en ella. Creo a la luz de sus respuestas, extensas y explícitas, no se puede añadir mucho más a lo ya expresado por él. Para poneros en antecedentes a quienes no lo conozcáis, os diré que Pedro Espinosa, conocido en panorama jamaicófilo como “Aianai” -castellanización de la popular expresión egocéntrica jamaicana “I and I”-, es cofundador -junto al cantante guineano Juan Borikó- de Potato, el veterano conjunto vitoriano de música jamaicana -en activo desde 1984-; pionero -y probablemente el único- en importar la poesía dub de Linton Kwesi Johnson o Mutabaruka al reggae patrio y un agitador nato de conciencias bajo el decrecentista lema “abajo el trabajo y viva la vida contemplativa”.

Comenzando por el principio, en la década de los setenta y en pleno apogeo juvenil, conoces al guineano afincado en Vitoria, Juan Borikó, un amigo inolvidable al que terminarías por apodar Johnny Brusko, con quien conformarías la sociedad Babinton PIP (producciones-ideas-promociones) y de la cual emergería la idea embrionaria de conformar una formación vitoriana propiamente de reggae como Potato. Me gustaría que recordaras las circunstancias que hicieron que vuestros caminos se cruzaran, las actividades que surgieron al calor de vuestra sociedad Babinton PIP y cómo os planteáis, en un principio, llevar a término el proyecto de Potato (concepto, estilo, músicos, mensaje).

Juantxo (JB) y yo nos conocemos desde los 14 años y aunque íbamos a colegios distintos, coincidíamos muchas veces en un bar del centro de Vitoria especializado en cervezas. La peculiaridad de este establecimiento era que tiraba muy bien la cerveza de caña y ofrecía jarras de diferentes tamaños desde 2 litros hasta la más pequeña de un zurito (algo menos que un corto) y a nosotros nos encantaba comprobar cuántas de esas jarras éramos capaces de beber en una tarde. Tengo que decir que también éramos muy deportistas y jugábamos a fútbol en ligas federadas en infantiles y juveniles, JB en el San Viator y yo en el Deportivo Alavés. Él era un extremo muy bueno y habría podido llegar lejos si se lo hubiera tomado más en serio. El caso es que a los 17 años nos separamos al ir a la Universidad, yo me largué a Madrid a estudiar periodismo y él a Burgos a hacer aparejadores, aunque en verano siempre volvíamos a vernos. Fue a comienzos de la década de los ´80 cuando regresamos de nuevo a Vitoria, cada uno con nuestro título, aunque nos costó encontrar trabajo, sobre todo a mí que ganaba una miseria colaborando en un periódico y en una radio local. No obstante, tuve la suerte de que me contrataran para el Festival Internacional de Jazz de Vitoria-Gasteiz, convirtiéndome en el primer jefe de prensa del certamen en 1982, año en el que tocaron Ella Fitzgerald y Oscar Peterson, entre otras grandes figuras. Los responsables del festival necesitaban igualmente alguien que pegara los carteles anunciadores del evento, que eran unos cuantos miles, así que para sacar un dinero extra, me encargué también de ello junto a mi amigo JB. Había que vernos por la noche con el balde de cola, el carro de la compra con los carteles y la escoba para embadurnar las paredes. Cuántas veces nos paró la policía. Hay que señalar que JB y yo, además de beber y fumar hash y marihuana, leíamos mucho, hablábamos mucho y pensábamos más. Supongo que los porros tendrían algo que ver, pero se nos ocurrían miles de ideas; desde presentarnos ante Xabier Arzallus, factótum del PNV para reclamar un carné de identidad vasco para JB, que en aquel entonces figuraba como apátrida por negarle la nacionalidad tanto el gobierno español como el de Guinea Ecuatorial, hasta organizar un comando que echara del poder al dictador Obiang, que se había cargado a su tío, el igualmente dictador Macías. JB se proclamaría presidente y yo sería el primer ministro. Para organizar todas estas ideas que fluían constantemente por nuestras cabezas, decidimos crear Babinton PIP, una especie de empresa en la que canalizamos la pegada de carteles, no sólo de jazz, sino de cualquier otro evento, y todo tipo de actividades, como la organización de los primeros conciertos de rock subvencionados por las instituciones alavesas. Os diré, por ejemplo, que el 27 de Abril de 1982 organizamos en la Plaza de los Fueros de Vitoria, con motivo de la fiestas del patrón de la provincia San Prudencio, un concierto de rock en el que tocaron La Polla Records y Hertzainak y en el que colaboraron, adornando la plaza y diseñando el cartel, artistas que luego han tenido gran resonancia internacional como Juan Luís Moraza, Juncal Vallestín y Juan Sagastizábal. Además, estoy seguro que nunca hasta entonces habían cobrado tanto La Polla ni Hertzainak. Ni que decir tiene que el concierto fue una bomba y un gran éxito que posibilitó que el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz nos encargara la organización de otros tantos conciertos de jazz y rock durante los fines de semana de Julio y Agosto en diferentes parques de la ciudad, que además grabamos en video y de los que lamentablemente sólo se conserva uno, mítico eso sí, de Hertzainak con su primer cantante Gama en el Parque de Arriaga. Mientras hacíamos todo esto, cambiamos nuestro bar de adolescencia, donde nos conocimos, por otro mucho más pequeño y cutre del Casco Viejo llamado Ja-Mi, por Javier y Michel, que lo habían montado gracias a las indemnizaciones que les habían dado al echarles de sus respectivos curros. El bar lo descubrió JB, porque se hallaba camino de su casa en el barrio de Zaramaga. Lo bueno del Ja-Mi era que sólo ponía música reggae, pues el hermano de Javi era un forofo de Bob Marley y de ese estilo musical y viajaba mucho a Londres y se traía discos que grababa en casete para que se pusieran en el bar. Evidentemente, también se fumaba mucho. Allí descubrimos a todos los grandes: Peter Tosh, Toots & The Maytals, Burning Spear, Max Romeo, Mikey Dread, Steel Pulse, Sugar Minott, Dillinger, Gladiators, Cimaroons, Byron Lee & The Dragonaires… Yo seguía teniendo el programa de radio en Radio Cadena y aproveché para meter mucho reggae y hacer publicidad del bar, que empezó a llenarse de gente y de músicos, entre estos, los componentes de un grupo de verbena llamado Drakkar. JB y yo pasábamos muchas horas en el Ja-Mi hablando, bebiendo, fumando y jugando al futbolín y al cubilote y, mientras sonaba la música de fondo, tarareábamos estrofas en castellano que nos íbamos inventando. A la vez, el casco medieval de Vitoria se iba llenando de bares con música que iban sustituyendo a los de los txikiteros de toda la vida, que cedían sus establecimientos para que tocaran los grupos locales. Los Cicatriz irrumpieron en la escena que ya contaba con Hertzainak y La Polla, aunque estos vivían en Agurain, un pueblo a 20 kilómetros de Vitoria. La zona empezaba a bullir de gente creativa y alternativa, se empezaron a organizar procesiones ateas para contrarrestar las tradicionales de Semana Santa, con pancartas como “Soy Ateo y Poteo”, firmadas por Ateos Reunidos Geyper o Herejes del 36. Para acompañar a estas procesiones, se juntaban algunos músicos que tocaban percusión o instrumentos de viento, a los que se sumaba gente como nosotros que no teníamos ni idea de tocar pero que estábamos por la labor. Por darle algún nombre a estas agrupaciones, se decidió llamarla Banda Municipal de Ska. Ahí tenemos el embrión de lo que iba a ser Potato. Pero la banda no se crea hasta que no convencemos a los miembros de Drakkar de que somos unos grandes letristas con grandes ideas que sólo necesitamos unos músicos que nos acompañen para triunfar. En aquel tiempo, principios de 1984, triunfaban los grupos punk y oi! de clara influencia británica, con Sex Pistols como paradigma. Se trataba de subir a un escenario y expresar, con cuatro acordes mal dados y cuatro gritos, toda la frustración y violencia que gran parte de la juventud sentía. Tanto social como políticamente, el desencanto era total y las drogas y la música eran la única satisfacción para mucha gente. Era un sentimiento de cabreo continuo y de desprecio a cualquier institución, que se manifestaba en los conciertos con el lanzamiento constante de botes de cerveza hacia el escenario y de escupitajos a los cantantes. Todo resultaba bastante sórdido y violento. En aquel ambiente, nosotros quisimos introducir un poco de color, de sosiego, de humor e ironía. Nos preocupaban las mismas cosas y nos sentíamos igualmente marginados y totalmente opuestos al sistema y queríamos manifestarlo pero de una manera más apacible, con un ritmo más tranquilo y sincopado que permitiera a las chicas acercarse a las primeras filas de los conciertos sin temor a ser aplastadas por el baile del pogo, recibir un escupitajo o ser alcanzadas por un botellazo. Nuestro espejo era The Specials, la banda multirracial londinense que habían sabido reciclar los antiguos ritmos jamaicanos con unas letras reflejo del momento social en el que vivían y que eran respetados por punks, mods, rockers y demás. Así que un día nos presentamos en el local de ensayo de Drakkar con una botella de whisky y las letras de “Monkey Man” en versión Specials y “Jamaica Ska”, igualita a como la cantaba Byron Lee, pero en castellano; y les convencimos. Más tarde, llevamos nuestra peculiar versión de “Punki Reggae Party” de Bob Marley. Estas letras las componíamos JB y yo al alimón. La de “Miguelín El Casero” se me ocurrió a mí después de una noche especialmente loca en la que me era imposible dormir. Cuando la cosa parecía que ya iba encaminada, se corrió la voz en el Ja-Mi de que íbamos en serio y muchos quisieron apuntarse, entre ellos Potxo, al que le dijimos que necesitábamos un trompetista y no dudó en comprarse el instrumento sin haber tocado nunca y Pako, que quiso tocar el trombón pero fue incapaz y empezó como corista, porque a nadie le decíamos que no si realmente se comprometía en el proyecto que aún estaba muy en el aire. Porque lo cierto es que de Drakkar, tan sólo el batería Timoteo Ozaeta a.k.a. Jalas y el teclista Javier Olloki a.k.a. Oki se metieron a fondo. Lo que pasa es que Oki quería tocar en la nueva banda el saxo, de modo que enganchamos a Amaia, que de pequeña había estudiado piano, para que se animara con los teclados. También mostró mucho interés Julio Díez, que se hizo con el bajo. Ya teníamos la base, porque a la guitarra contábamos con Koldo Quilchano, que era el guitarrista de Drakkar y aunque nos veía como unos chiflados, se comprometió a tocar con nosotros, al menos al principio. Conformada la banda, sólo nos quedaba el nombre y éste se le ocurrió a JB, que propuso Potato, pronunciado fonéticamente como tal por la tradición de cultivo de la patata que había en Álava, pero aportando ese toque internacional de escribirlo en inglés. Para sofisticarlo un poco más, decidimos añadir lo de “punki reggae party banda”. Una vez creado Potato, empezamos una labor de difusión y promoción firmando pintadas en todos los wc de los bares de la ciudad y en las tapias de las calles, de tal manera que sin haber tocado nunca y sin tener nadie ni idea de que era eso de Potato punki reggae party banda, habíamos levantado una enorme expectación en la ciudad. Cuando anunciamos que Potato iba a hacer su debut el 31 de Diciembre en una fiesta organizada por la emisora Radio Cadena en Álava, más de dos mil personas se congregaron para ver aquello y la verdad es que no debieron quedar defraudados, aunque tan sólo tocamos nuestras versiones de “Monkey Man”, “Jamaica Ska”, “Miguelín El Casero”, “Punki Reggae Party” y “Babilonia”, único tema original compuesto en un 90% por JB. Desde que decidimos montar la banda hasta que debutamos en público, apenas transcurrieron seis meses.

Potato fue, desde sus comienzos, un conjunto eminentemente iconoclasta, haciendo de una de sus señas de identidad el distanciamiento de aquellos grupos que se afiliaban en el entonces pujante movimiento del “rock radical vasco” y desechando pronto la idea de idolatrar a un falso prócer como Haile Selassie I, tras el que, si escarbabas lo suficiente, se escondía un dictadorzuelo de tres al cuarto que había hecho fortuna a costar de exprimir al pueblo etíope. ¿Qué tipo de problemas os ocasionó el no comulgar con estas “ruedas de molino” y labraros vuestro propio sendero? ¿Crees que hubo gente que no os tomó jamás en cuenta por no responder a los clichés de este estilo musical o por no identificaros políticamente al entorno abertzale?

Lo malo de vivir en un ambiente tan nacionalista es que no puedes desarrollar ideas que se salgan de ese planteamiento. Todo tiene que estar supeditado al fin último y primordial, que es conseguir la independencia y lo demás no sirve, estorba, o es asimilado en falso por la ideología abertzale, por la vanguardia del movimiento de liberación nacional, que es quien dirige las acciones a seguir en cada momento. En Vitoria esto se vio muy claro. Había mucha gente, grupos, colectivos activos que editaban fanzines, comics, revistas, realizaban teatro, cortos o seguían prácticas artísticas, además de grupos de música, que eran en realidad los que aglutinaban al resto. Toda esta ebullición de ideas se veía claramente en las calles y bares del casco viejo, que es donde se concentraba toda esta amalgama creativa, rebelde y antiautoritaria. Muchas de estas personas, igual sin saberlo, seguían prácticas libertarias, aunque no niego que otros muchos fueran partidarios de la independencia del País Vasco, pero en cuanto a Potato se refería, o, mejor dicho, en cuanto a JB y a mí se refería, estaba claro que el nacionalismo era un concepto burgués y más el vasco, creado por Sabino Arana, que no dejaba de ser un racista. Y eso lo dejamos muy claro cuando empezamos a hablar de Vitoria como la capital de una Euskadi Tropical en la que íbamos a cambiar el clima y a hermanarnos con Jamaica para intercambiar patatas por marihuana. Potato quería ser un revulsivo. Aprovechamos, además, una canción de uno de nuestros grupos favoritos, Hertzainak, con cuyos componentes poteábamos casi todos los días, “Arraultz bat pinu batean” (un huevo en un pino), en la que se decía que por qué no cambiar el árbol de Gernika por una palmera, hacernos todos vagos, dedicarnos a la piratería y así tal vez algún día seríamos libres para cometer cualquier pecado, para desdramatizar y dejar de mirarnos el ombligo en un mundo que ya se adivinaba globalizado. Ciertamente, para la ortodoxia abertzale, no éramos más que un chiste. De hecho, años después, cuando Potato y el concepto de Euskadi Tropical se había popularizado, Hertzainak, para quienes a través de Babinton PIP produjimos su segundo disco y diseñamos la portada, hicieron otra canción titulada “Txantxetan” (en broma) como para decir que aquello sólo era un divertimento. Pero para nosotros era algo que tenía una profunda carga ideológica. En cualquier caso, para bien o para mal, el MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) controlaba todo aquello que se oponía al sistema para intentar hacerlo suyo. Así se crearon organizaciones ecologistas, de mujeres, juveniles, internacionalistas, de homosexuales que reivindicaban todos esos derechos pero bajo la directriz que emanaba de la vanguardia. Y con la música, o, mejor dicho, con las fiestas populares que se organizaban en los pueblos, que empezaron a contratar, en lugar de a grupos de verbenas, a los grupos que hacían furor con sus proclamas político sociales, ocurrió lo mismo. Y Potato cayó en esa dinámica porque si no, no tocabas. Lo mismo nos llamaban para conciertos anti OTAN, a favor de Gaztetxes (edificios ocupados por jóvenes), radios libres, presos, carnavales que organizaban colectivos que se debían a la izquierda radical abertzale. Muy representativo de todo esto es el programa que organizó Batasuna llamado “Martxa ta Borroka” (marcha y lucha), que propició una de las frases más significativas de la situación pronunciada por Natxo Etxebarrieta, cantante de Cicatriz, que renunció a formar parte del programa diciendo aquello de “antes éramos drogadictos y delincuentes y ahora nos hemos convertido en jóvenes revolucionarios”.

Uno de los aspectos que siempre me llamaron la atención de la banda era el componente político de talante más bien libertario, reflejado en el compromiso explícito de las letras, en las actuaciones ofrecidas para determinados colectivos y en ese vínculo tan estrecho y peculiar que siempre mantuvisteis con el municipio andaluz de Marinaleda, donde, a modo de curiosidad, se ha dicho que hasta las amas de casa tarareaban vuestros estribillos como auténticos himnos populares. ¿Cómo se trataban las cuestiones políticas a nivel interno en la banda? ¿Cuándo se genera ese contacto con el utópico pueblo sevillano y cómo fue manteniéndose y afianzándose con el transcurso del tiempo?

No puedo hablar de Marinaleda, porque cuando se establece esa relación entre la banda y el pueblo andaluz, yo ya había dejado Potato. Sólo he estado dos veces. La primera en 1995 cuando la gira de “Plántala”, en la que participé no sólo como cantante, sino como manager y promotor y sólo puedo decir que fue fantástico como nos trataron. Aproveché, además, para entrevistar al alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, para el libro que Elena López Aguirre y yo escribimos sobre Potato, “La Utopía de una Euskadi Tropikal”. La segunda y última fue en Diciembre de 2007, en la gira de despedida “Gracias y Agur”, en la que tocamos en la sala Palo Palo dentro de unas jornadas organizadas por Baladre, el colectivo contra la exclusión con el que siempre hemos mantenido muy buenas relaciones desde los tiempos de las asociaciones contra el paro. De hecho, esta asociación editó un disco titulado “11 años contra el paro y la pobreza”, con canciones de Hertzainak, La Polla Records y Potato. En cuanto a cómo se trataban las cuestiones políticas en la banda, realmente no se trataban, cada uno tenía su ideología y la manifestaba en el tipo de letras que componía.

Creo que a parte de la labor inicial como ideólogo y fundador de la banda, tu rol en Potato siempre estuvo más o menos bien definido: el del poeta que rimaba con sarcasmo, acierto e ironía, pero sin miramientos, a imagen y semejanza de análogos jamaicanos del calibre de Linton Kwesi Johnson o Mutabaruka. ¿De dónde surge esta inquietud tuya por la poesía y qué temas te sirven de inspiración para componer poesías de indudable impronta político-social? ¿Qué te atrae singularmente de los poetas del dub para que los adoptes como modelo a emular? ¿Por qué crees que este género de la música jamaicana no se ha extendido más? Una vez cerrado el ciclo Potato, ¿sigues escribiendo poemas y alegatos o los quehaceres cotidianos te lo impiden?

Siempre me ha gustado leer, así que la poesía y la literatura en general me son muy cercanas, más si tenemos en cuenta que soy periodista y forma parte de mi profesión. En cuanto a mi fuente de inspiración, siempre ha estado muy ligada a mi entorno personal y social. Los temas que he compuesto siempre tenían que ver con lo que pasaba a mi alrededor. Por otra parte, me considero un luchador. No soporto la injusticia y la explotación; y me rebelo. Está claro que este sistema está podrido, que quieren convertirnos en esclavos y que la única libertad que nos ofrecen es la de mercado, la de comprar en Eroski o en Carrefour. Precisamente, si monté Potato, fue para denunciar todo esto. Lo que me atrajo de Mutabaruka o de Linton Kwesi Johnson, mis maestros en el arte de la poesía dub, fue principalmente su carácter revolucionario, su deseo de apelar a la conciencia de la gente y de denunciar los abusos políticos, sociales. Además, el recitado de las frases me permitía enmascarar mi analfabetismo musical y me evitaba el cantar al modo tradicional. Este género no se ha extendido más porque no interesa, no es comercial, hace pensar, y la gente es reacia a pensar, prefiere que piensen por ellos, y así nos va. Es mucho más fácil vender dancehall. Lo último que compuse fue “Educad” y “Atónito y disperso”, dos temas que escribí en el año de la gira de despedida de Potato en 2007 y que incluimos en el mini cd que editamos bajo el título de “Gracias y Agur” para financiar el dvd “Potato en Fueros”, legado póstumo de la banda. Compuse un par de temas más, pero no dio tiempo a incluirlos en la gira. También escribí unas estrofas para el pregón de carnaval, pero si no hay banda, no escribo canciones. Bueno, aunque escribí un tema conmemorativo para el 70º aniversario de Radio Vitoria, que es la emisora en la que trabajo, del que se hizo un video para la ETB (televisión autonómica vasca), ya que Radio Vitoria forma parte del ente público de radiotelevisión vasca.

En 1988 se producen dos deserciones fundamentales en la banda, la de Juan Borikó primero -lastrado por su salud- y la tuya tras la publicación del maxi “Rula” -del que además eres compositor de la letra-, pues en realidad y como tú mismo has reconocido, nadie era imprescindible en la banda y prevalecía ese concepto de verbena en la que los elementos que se perdían, se reemplazaban, siempre y cuando el concepto siguiera latente. ¿Cómo recuerdas tu despedida de la banda y la separación de los que habían sido compañeros de fatigas hasta entonces? ¿Crees que en la banda se era justo con aquellos compañeros que se apeaban del barco? ¿Cómo se adoptaban estas decisiones en el seno de la banda? ¿En qué momento te planteas la decisión de sumarte de nuevo al proyecto transcurridos unos años y qué te decidió a hacerlo?

Visto lo que ha sucedido con el paso del tiempo, lo mejor habría sido haber disuelto Potato en 1988 tras la marcha de JB, a la que no puede llamarse deserción, pues como queda muy bien explicado en el libro “Potato. La utopía de una Euskadi Tropikal”, JB acarreaba serios problemas de salud, agravados tras su visita a su pueblo natal en la isla de Malabo en Guinea Ecuatorial, que le impedían seguir el duro ritmo que imponía la carretera. Pero yo todavía sentía que tenía cosas que decir y, de hecho, “Rula” y “Para Calentar” las compongo en el momento en que JB se va. Paradójicamente, meses después yo mismo me vi obligado a dejar la banda al entrar a trabajar como periodista en Radio Vitoria y no poder seguir ese mismo ritmo endiablado de tocar tres días a la semana hasta altas horas de la madrugada y, casi sin descanso, ir a hablar ante un micrófono profesionalmente en un medio de comunicación público, que realmente era el que me daba de comer, a mí y a mi familia. Ahora, echando la vista atrás, lamento no haber disuelto la banda, pues tenía todo el derecho moral, pues yo había tenido la idea y la había desarrollado. Máxime ante la falta de solidaridad del resto de mis compañeros y en concreto de Pako Pko. Recuerdo perfectamente el momento en que dije que abandonaba Potato y nadie dijo ni una sola palabra. Habíamos tocado en un pueblo del País Vasco francés que estaba a unos 200 kilómetros de Vitoria. Eran las 5 de la madrugada y yo rogaba a mis compañeros que se metieran en la furgoneta para regresar a casa pues yo tenía que entrar a trabajar a las 8 de la mañana. Me costó muchísimo arrancar a la banda de las invitaciones a seguir bebiendo de borrachos aduladores. Ya de regreso hubo una violenta discusión al respecto y fue cuando dije que si después de cada concierto había que esperar a beberse hasta la última gota para emprender el camino de regreso, que lo dejaba. Se produjo un silencio que dio la callada por respuesta y abandoné el grupo ante la indiferencia de la mayoría y el regocijo de Pako, al que por algo apodamos Pko, que así se convertía en el único cantante del grupo. Desde ese día no volví a formar parte de Potato, al igual que Elena, mi mujer, que era la guitarrista y dejé que siguieran utilizando el nombre que había creado JB y que ya era una marca consolidada en el panorama musical vasco y dentro del entorno reggae español. Cierto es que yo también estaba cansado de tanto desparrame, tenía una hija de 7 años en ese momento y un trabajo, en el que todavía sigo, que realmente era mi oficio y tampoco quería dejar a Oki, Jalas y Potxo en la estacada después de que habían abandonado el grupo de verbena para apostar fuerte por Potato, más en un momento en el que “Rula” se había convertido en un hit y nos llamaban a tocar de todas partes. Así que, tras mi marcha y la de Elena, entraron Gabriel Gullián, el uruguayo, que digamos ocupó mi puesto en cuanto que cantaba el “Rula” y empezó a componer; y Arturo Blasco, magnífico guitarrista que también aportó mucho a la banda. En cualquier caso, nos seguíamos viendo en los mismos bares y tras un periodo algo tenso, la mediación de Jalas hizo que volviera a acompañarles a algunos conciertos para subir al escenario como artista invitado para cantar mis temas. Así que mi vinculación con Potato siguió por la amistad que mantenía con Jalas y por mi condición de periodista. En este sentido, seguí apoyando a la banda informando de sus actividades y de los trabajos que iban sacando en alguno de los cuales, como en “Crónicas de puerto sin más”, metí voces en el tema “No Pensar”. Además, como he dicho, no había temporada en la que no subiera al escenario para cantar “Miguelín El Casero” o “Rula”, temas que siempre han formado parte del repertorio de la banda. Más tarde, en 1995, con “Plántala” me ocupé de la producción y la promoción de la gira de verano que nos llevó a realizar 30 conciertos por toda España y en la que tenía mi propio set cantando varias canciones.

Diez años más tarde, en 1998, publicáis -Elena y tú- la biografía de la banda, “Potato Reggae Banda. La Utopía de una Euskadi Tropikal”, un libro cuyo valor estriba en enmarcar el contexto en que se desenvolvía y explicar los porqués de las decisiones tomadas por la banda en cada momento. ¿No consideráis que quizá hubo una cierta precipitación en su publicación habida cuenta de que la banda aún se mantuvo en activo pese a la escisión de Arawak en 1996? ¿Esa utopía de la “Euskadi libre y tropikal” a la que aludían Hertzainak se materializó de alguna forma o quedó en mera hipótesis optimista e irrealizable? ¿Cuál era la receptividad de una ciudad tan aldeana y atípica en Euskadi como Vitoria, que siempre ha tenido bares especializados (El Majara, Parnaso, Ardo Ona…) y bandas (Potato, Kannabis, Little Feet & The Prenatals, Arawak, Green Valley, Siroko Ska…), hacia la cultura y la música jamaicana?

Elena y yo somos periodistas especializados en temas musicales. Ya habíamos editado con nuestra propia editorial, Ediciones Aianai, los libros “Hertzainak: la confesión radical” (1993) y “Del txistu a la telecaster: crónica del rock vasco” (1995), que tuvieron gran éxito, pues vendimos 3.000 ejemplares y agotamos la edición, así que decidimos contar la historia de Potato y de lo que supuso la Euskadi Tropical. En aquel momento, 1998, creíamos que la banda tenía poco recorrido más, pues ya ni siquiera estaban Oki, el gran arreglista y músico sin cuyo concurso hubiera sido imposible el sonido Potato y Timoteo Ozaeta, Jalas, el batería, todo impulso y generosidad. Oki y Julen Trepiana, cantante y compositor en la época de “Plántala”, abandonaron la banda tras la gira de verano de 1995 antes mencionada, hartos de repetir las mismas canciones que todo el mundo pedía y hartos también de Pako Pko, que se aferraba a los mismos esquemas de diez años atrás y querían formar su propia aventura, Arawak, en la que todavía siguen embarcados. Ahí también se perdió una buena oportunidad de disolver Potato, pero Pako se empeñó y reconozco que a mí me convenció, de que no se podía dejar morir así a la banda y que había que hacer un último disco y así surgió “Pko Original”, en el que también embarcó a Jalas y Potxo y que se editó gracias a la colaboración de la Asamblea de Parados. De esta manera, se prolongó artificialmente la vida de Potato, que tuvo su continuación con la grabación del disco “Directo Directo” en la sala Bikini de Barcelona en 1999, en esta ocasión por el empeño de Jalas, que se dedicada a la sonorización y grabación y que nos convenció de que había que hacer un disco en directo. En la grabación intervinieron Oki, Gabriel, Arturo, Isi, yo mismo y hasta JB, que aunque no vino al directo sí que metió una frase durante las mezclas. Así que no sé si hubo o no precipitación a la hora de editar el libro, pero era lo que nos pedía el cuerpo en aquel momento y además queríamos ir más allá de la mera biografía de Potato y explicar el contexto social y político en el que surge la banda. E, insisto, no imaginaba que Pako Pko se iba a aferrar tanto a lo que, visto lo visto, es lo único que le da algo de reconocimiento. Con el concepto de la Euskadi Tropical, como actualmente con el de sostenibilidad, ocurre que de tanto usarlo, es algo manido y desprovisto de sentido. Evidentemente, no podemos cambiar el clima, o, bueno, de hecho lo estamos cambiando para mal por los gases de efecto invernadero y la contaminación, pero aquel eslogan utópico de transformar el árbol de Gernika en una palmera tropical, ha sido asimilado incluso por las instituciones, igual que ahora las eléctricas Endesa o incluso Repsol se califican de verdes, con lo que ha perdido su poder de flashear, de conmover las conciencias y de propiciar un cambio en los hábitos y formas de vida. Hoy día no sé si Vitoria-Gasteiz es la capital de la Euskadi Tropical, pero al menos es la green capital europea, título que le acaban de conceder por intentar devolver la ciudad al peatón en lugar de dejar que el coche sea el rey y esto al menos es un cambio positivo en el que se está involucrando toda la ciudad. Respecto a la receptividad de la ciudad hacia la cultura jamaicana, diría que el camino abierto por Potato y el viaje que hicimos a la isla caribeña, hizo que se creara un ambiente favorable a aceptar ese ritmo cadencioso típico de Jamaica, como es el reggae y actualmente son los grupos de hip hop y su cultura la que más aceptación tiene entre los jóvenes, algunos de los cuales samplean canciones como “Rula”.

Tras la publicación, por parte de Ediciones Aianai, de tres obras musicales -sobre Hetzainak, la mencionada sobre Potato y una acerca del rock vasco en general-, coescritas junto a tu pareja Elena López Aguirre, en 1999 te planteas la necesidad de fundar la Asociación Cultural Aianai, con una primera exposición en el Centro Cultural Montehermoso y cuya actividad se mantiene vigente hasta nuestros días con los memoriales anuales de tributo a Johnny Brusko. ¿De dónde nace esa inquietud por alumbrar la asociación cultural y por qué os decantasteis por esta fórmula legal? ¿Podrías enumerar y describir las actividades llevadas a cabo y proyectos a los que habéis apoyado, económicamente o facilitándoles el apoyo logístico, desde su puesta en funcionamiento?

Crear la Asociación Cultural Aianai Kultur Elkartea nos proporciona, efectivamente, una fórmula jurídica para poder desarrollar iniciativas como la editorial sin necesidad de pasar por legalismo tipo sociedad limitada, anónima o lo que fuera. Somos una asociación sin ánimo de lucro y estamos exentos de facturar IVA, lo cual no quiere decir que no podamos cobrar por los servicios que prestamos: exposiciones, conciertos, edición de libros, fanzines, publicaciones, discos, videos, películas, documentales, charlas, debates y cursos. Todo relacionado con la música, no sólo desde el punto de vista compositivo y creativo, sino también dentro del contexto histórico, social, político y económico en el que se desarrolla la actividad musical. Entre las actividades que hemos desarrollado destacan: una exposición con carteles, fotos, discos y conciertos sobre The Beatles y un grupo alavés contemporáneo suyo llamado Aster; un curso de tres meses sobre la Historia del Rock Vasco impartido en el centro cívico Hegoalde para el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz; la producción y preparación de la gira “Gracias y Agur” de despedida de Potato; la edición del mini cd con tres canciones “Gracias y Agur”; la edición del dvd “Potato en Fueros 2007”, que contiene el concierto dado el 4 de Agosto de 2007 en la Plaza de los Fueros de Vitoria-Gasteiz, un documental sobre la historia de la banda, y la recopilación de videoclips de la banda desde 1985; la promoción y producción del concierto de Potato en Logroño, Festival Actual, el 4 de Enero; el pregón, letra de canción y desfile de carnavales con Pedro Espinosa y Potato en Vitoria-Gasteiz el 2 de febrero; la dirección, realización y montaje del documental “Potato, una banda para el pueblo” emitido por ETB el 5 de Agosto; la promoción en Euskadi del disco “Incoherent Style” de Respect Mark, banda de cabaret reggae de la localidad tarraconense de El Vendrell en el que participa como productora, entre otras, la asociación cultural; la participación en la mesa redonda sobre la actividad cultural en Vitoria-Gasteiz en la década de los ´80; la colaboración, con una foto y un artículo, en el fanzine editado para la presentación de Hilos Rojos III; la colaboración, por medio de la cesión del video “Arriaga Punk Rock 82”, para la sección audiovisual de Hilos Rojos III; la colaboración, con una foto y un artículo sobre Dub Poetry, para el colectivo Arkestra de Barcelona; la preparación del libro sobre la historia del rock vasco y la organización de los cuatro memoriales Johnny Brusko celebrados hasta la fecha.

Puesto que tú ejerces o has ejercido profesionalmente como periodista, me gustaría preguntarte acerca de la relación que Potato ha tenido con los medios y la repercusión mediática obtenida. ¿Cómo valoras el trato que desde prensa, radio y televisión se brindó a la banda a lo largo de su trayectoria? ¿Consideras que se ha sobredimensionado a la banda desde los medios, que se ha sido ecuánime en su tratamiento o que se le han infravalorado sus méritos? ¿Recuerdas cómo era el trato a nivel individual con los periodistas y cómo reaccionaban ante un concepto musical que hasta entonces apenas había sido tratado?

Ya he mencionado que soy periodista, con lo cual quiero decir que la relación de Potato con la prensa ha sido siempre muy estrecha. De hecho, el éxito de Potato se debe en gran parte a la labor de promoción realizada gracias a mi trabajo en diferentes medios de comunicación. Yo, cuando creamos Potato, ya sabía que iba a ser un bombazo, pues además de la peculiaridad de los componentes de la banda, de las letras y música de las canciones y del mensaje utópico libertario que lanzamos, original en aquella época, controlaba la difusión. Y no me refiero sólo a las pintadas en bares y calles. El debut de Potato se produce el 31 de Diciembre de 1984 dentro de un festival organizado por la emisora Radio Cadena en Álava, en la cual trabajábamos Elena y yo con dos y cuatro horas diarias de emisión, respectivamente. Fui yo el que tuvo la idea y convencí a mis jefes para ese último día del año hacer un programa de radio en directo desde el polideportivo de Landázuri desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde con entrevistas a gente del mundo del espectáculo y la cultura y actuaciones de grupos de música. Por allí pasaron más de 2.000 personas en el momento en que actuó Potato, alrededor de las seis de la tarde. Incluso dibujantes hoy día renombrados, como Mauro Entrialgo o Mikel Valverde, participaron dibujando cómics in situ en grandes paneles. Recuerdo, además, que comenzamos la emisión con la canción “Free Nelson Mandela” de The Special AKA. Al mismo tiempo que hacía el programa en Radio Cadena, empecé a trabajar en las páginas musicales del diario Egin tituladas “Bat, bi, hiru” (Un, dos, tres), que fueron imprescindibles en el desarrollo del rock vasco y que eran una referencia ineludible a la hora de informar de conciertos y de los grupos que iban saliendo. De hecho, en el primer número de “Bat, bi, hiru” aparece una referencia de Potato ilustrada con un dibujo realizado por Mikel Valverde en el que se da cuenta del concierto de fin de año antes mencionado. Cuando grabamos nuestra primera maqueta, yo me encargué de enviarla a Radio Euskadi para que la radiaran y más adelante estuvimos con Jesús Ordovás en su programa Diario Pop de Radio 3. Así que tal vez por mi influencia en los medios, se ha podido sobrevalorar a Potato, pero por parte de otros medios, digamos contrarios, se ha cargado las tintas contra la banda. También hemos de reconocer que, al habérsenos relacionado con el rock radical y con el mundo de la izquierda abertzale, nos ha abierto unas puertas en esos ambientes anti-sistemas y nos ha perjudicado en otros medios y ambientes, así que podemos decir que lo comido por lo servido. Respecto a mi trato con los periodistas, pasa lo mismo que con la gente normal: hay periodistas buenos que se informan previamente y prestan atención y otros malos que llegan con prejuicios y sólo publican lo que les interesa a ellos, no a su público.

En 2007, tras 23 años de carretera y diversos álbumes en el mercado, Potato decidís poner fin a vuestra aventura y por ello os comprometéis con múltiples agentes (colectivos, promotoras, instituciones) a ofrecer vuestra gira definitiva, enmarcada por la edición del mini cd “Agur y Gracias” y el dvd “Potato en Fueros”, subvencionado gracias a un acuerdo contraído con el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Y sin embargo, en Octubre de 2009 leemos unas declaraciones tuyas en el diario Deia en las que, indignado, afirmas que Pako PKO ha usurpado el nombre de la banda y ha incumplido su palabra, desprestigiando a Potato e infundiendo confusión entre sus seguidores. ¿A raíz de qué se han producido esas desavenencias entre ambos que ocasionaron tu expulsión de la banda? ¿Cuál es el motivo o motivos por los que Pako se resiste a dar por zanjado el proyecto? ¿Cómo se han posicionado en este conflicto miembros tan relevantes de la banda como Jalas, Oki, los hermanos Arrieta o Julen Trepiana?

Ya he contado antes que Potato debería haber desaparecido hacía mucho tiempo, pues, como decía La Polla, iba arrastrando su decepción de un escenario a otro escenario. A Potato sólo la perseverancia de Pako Pko y la inercia le hacían seguir subsistiendo malamente, cambiando continuamente de componentes y volviendo a ensayar con los nuevos los temas que todos querían escuchar. De hecho, cuando anunciamos la gira de despedida, mucha gente creía que Potato ya había desaparecido, pues actuaba en contadas ocasiones. Cierto es que en las nuevas remesas de componentes que entraban en Potato, siempre había alguno que se lo tomaba en serio y quería dar un nuevo impulso a la banda, comprometiéndose a fondo y componiendo nuevas canciones, como fue el caso de Javi Flores, gracias al cual se edita el disco “Como en sueños”. Pero Potato era, para mí, un muerto viviente que vivía de las rentas. Esto lo comprobé en un concierto que dieron en Vitoria y que me resultó lamentable y así se lo dije a Pako Pko, que se empeñaba en destrozar temas que yo había compuesto como “La Clase Obrera”, “Kuiti” o “Txop Zuei”, que iban recuperando para el repertorio además de los clásicos “Miguelín” o “Jamaica Ska”, que nunca dejaron de tocarse, al igual que “Rula”. Estoy hablando del año 2006, que coincide con la muerte de JB por un cáncer de páncreas. Es entonces cuando le hablo claramente a Pko de acabar definitivamente con Potato pero de una manera digna, con una gira de despedida que llamaríamos “Gracias y Agur” en la que yo me integraría no sólo como cantante, sino como productor, promotor y manager. La respuesta de Pako fue afirmativa, está grabada en el documental de “Potato en Fueros” y aún hay otras declaraciones frente a la cámara de Pako que no se incluyeron en las que dice textualmente que lo que le decidió definitivamente a aceptar el fin de Potato, fue el que yo me hiciera cargo de la gira. Así pues, hablamos con el resto de la banda, Jalas incluido, pues iba a ser el técnico, para explicarles el proyecto. Yo aseguré a todo el mundo que íbamos a hacer al menos 30 conciertos, por el que cada uno iba a cobrar lo mismo (300 euros) y todos estuvieron de acuerdo. Finalmente, fueron 40 los conciertos, con lo que cada miembro de Potato, incluidos técnicos, se llevó 12.000 euros. La gira comenzó el 13 de Febrero en Barcelona y finalizó el 5 de Enero de 2008 en Logroño. Cierto es que dejamos abierta la posibilidad de seguir actuando durante 2008 si se nos ofrecía la posibilidad de realizar una gira por Latinoamérica o cualquier otra parte del mundo siempre que no fuera el estado español, para el que reservamos todo el año 2007, como así lo hicimos saber a agencias, ayuntamientos y colectivos de toda índole para que si querían, tuvieran la oportunidad de contratar a Potato por última vez. Cuando esto se hizo público, nos llegó la iniciativa de Soul Rebel de Palencia para sacar un disco con canciones de Potato interpretadas por diferentes grupos, que al final se concretó en “Tributo a Potato”, en el que participan 19 bandas de todo el estado. También quedaba claro, en ese compromiso verbal que adquirimos, que la desaparición de Potato no significaba que no se pudiera crear otro grupo y que Pako no siguiera adelante bajo cualquier otra denominación. Pero la “Potato punki reggae party banda” quedaría disuelta definitivamente, poniendo fin a una época que había comenzado en el siglo XX y que ya no tenía razón de ser en el XXI. La gira transcurrió más o menos bien, con los lógicos roces entre 10 personas que comparten muy poco espacio en una furgoneta durante mucho tiempo, pero según pasaba el tiempo, las discrepancias, sobre todo entre Pako y yo, fueron aumentando. Hubo un episodio que tal vez fuera determinante para explicar el posterior comportamiento de Pako. Ocurrió durante el mes de Diciembre en una mini-gira que realizamos por Granada, Almería y Marinaleda. En Granada, Pko se quedó afónico y pensó en suspender la actuación. Tanto el resto de la banda como yo, optamos por dar el concierto conmigo como único vocalista, lo que al final ocurrió sin mayor incidencia por parte del público, al que explicamos la ausencia de Pako. Fue éste el único concierto de la historia de Potato en el que no estuvo Pko presente. Por esas fechas recibí una llamada del Ayuntamiento de Vitoria para ofrecerme el pregón de los Carnavales 2008. Acepté con la premisa de que fuera en mi condición de miembro fundador de Potato y acompañado del resto de la banda como colofón a la gira de despedida. Le dije a Pako que contaba con él para el pregón, en el que iríamos incluyendo fragmentos de canciones de Potato, aunque el discurso iba a ser cosa mía, pues resultaba imposible que lo hiciéramos entre los dos dadas las diferencias evidentes entre ambos y además, el creador de Potato había sido yo, así que resultaba lógico que fuera yo el que se responsabilizara del mensaje carnavalesco que no iba a tener nada de nacionalista. Aquí debo señalar que Pako hacía años que se había afiliado al sindicato abertzale LAB y durante un tiempo había estado liberado de su trabajo para dedicarse en exclusiva a tareas relacionadas con el sindicato. Entre las discusiones ideológicas que yo mantenía con Pako, estaban las relacionadas con las justificaciones que LAB hacía de la lucha armada y del asesinato para conseguir la independencia. El caso es que Pako, que en primera instancia había aceptado compartir el escenario del carnaval conmigo y el resto de la banda, la noche anterior del pregón que habíamos quedado para ensayar, se retractó diciendo que no iba a participar en el Carnaval, acusándome de haber impedido que Potato siguiera tocando e intentando que el resto de la banda me dejara solo, algo que consiguió a medias. A mediados de Febrero, cuando por curiosidad consulté la página web que habíamos creado durante un año para la gira de despedida para ver si seguía operativa, me encontré ante el comunicado de Pako lleno de insultos, descalificaciones y mentiras hacia mi persona, que me recordaron los métodos estalinistas. Hasta había borrado mi figura de una de las fotos del grupo, en el que se me expulsaba de Potato, lo cual me hizo sonreír, pues nadie te puede echar de algo que no existe, tras una cena asamblea decidida por mayoría, lo cual también resultó mentira, pues la decisión fue suya en exclusiva, según me dijeron algunos miembros de la banda a los que pedí explicaciones y que aseguraron no saber de qué comunicado les estaba hablando. A Pako no he vuelto a dirigirle la palabra, pues no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Pero cuando empezó a hacer declaraciones públicas diciendo que la gira de despedida no significaba el fin de Potato y, sobre todo, cuando a mediados de 2009 llenó Vitoria de carteles anunciando un concierto en un barrio de la ciudad bajo el lema “Objetivo Japón” y harto de dar explicaciones a los que me interpelaban por la vuelta de Potato, fue cuando decidí sacar el comunicado denunciando la impostura de Potato, que se publicó en diferentes diarios del País Vasco, como El Correo, Deia o Diario de Noticias de Álava. Por qué Pako actuó como actuó, habría que preguntárselo a él. En cualquier caso, me remito a las declaraciones que efectuó en el documental incluido en el dvd “Potato en Fueros”. Respecto a lo que piensan los otros miembros relevantes de Potato, digo lo mismo: no soy yo quien debe hablar por su boca, preguntadles a ellos.

Con motivo de los Carnavales celebrados en Vitoria en 2008, se te plantea la posibilidad de ser el pregonero en nombre de Potato y en tu pregón, en el que apareces ataviado como uno de los personajes de “Alicia en el País de las Maravillas”, se realizan varios guiños o abiertas diatribas en línea con el ecologismo decrecentista, el pacifismo, la crítica del capitalismo y sus delirios productivistas / consumistas / contaminadores de relaciones, para culminar con una reivindicación del derecho a la pereza que reclamaba el marxista francés Paul Lafargue y de la vida vivida en plenitud y en compañía. ¿Quién te plantea este discurso y bajo qué premisas te propones su elaboración? ¿Cuál fue la reacción ante tu discurso entre la población vitoriana y la acogida entre la clase política? ¿Cuándo crees que ese mensaje que irradiaste calará entre la población y esta reaccionará y se revolucionará en la dirección correcta?

En cuanto al mensaje que lancé en el pregón de Carnavales 2008 de Vitoria-Gasteiz, que podéis ver y oír en www.youtube.com, obedece únicamente a mi punto de vista y mis ideas sobre este sistema con el que me siento totalmente en contra, a pesar de que nos lo quieran vender como el único posible. Esto es mentira: otro mundo es posible. Soy partidario de la renta única universal para todo ser humano por el simple hecho de existir y soy partidario de la vida contemplativa. Hemos explotado tanto el planeta y generado tanta riqueza, que es factible el cubrir las necesidades primarias de toda la humanidad. No lo digo yo, lo dicen expertos economistas que no dependen del Fondo Monetario Internacional, ni están vendidos a las grandes corporaciones y al capital y así intenté expresarlo en mi pregón, en el que también aludí a cuestiones más locales de mi ciudad y de mi País Vasco. Si logré algún efecto entre los asistentes, no lo sé, creo que pensaban que todo era de coña, como el Carnaval. En cualquier caso, la concejala de cultura, no sé si por educación -es del partido socialista-, me dijo que había sido el mejor pregón que había escuchado nunca. Lo cual no significa mucho, pues era su primer año de concejala. No soy ningún profeta ni adivino sobre qué nos deparará el porvenir, pero lo que tengo claro es que nadie te va a regalar nada y que lo primero es pensar por uno mismo con mentalidad de hombre libre y después luchar por ello.

Publicado originalmente en ALB Nº99

 
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